Estudia con Nosotros (VI): Relación especial de los Abogados

Silvia Canal Méndez

 

¡Hola juristas!

 

Llegamos al último mes de estudio, y con ello el nuevo Estudia con Nosotros de esta semana. En este caso analizaremos el Real Decreto 1331/2006 por el que se regula la Relación Laboral de Carácter Especial de los Abogados que prestan servicios en Despachos de Abogados, individuales o colectivos.

 

Este texto es espacialmente breve, ya que sólo consta de 25 artículos y nunca ha sido preguntado en los exámenes anteriores, pero al encontrarse en el ANEXO II consideramos necesario al menos darle una ligera lectura y quedarse con los datos que más nos ha llamado la atención.

 

La finalidad de este Real Decreto es la de regular la relación laboral de carácter especial de los abogados que prestan servicios retribuidos, por cuenta ajena y dentro del ámbito de organización y dirección del titular de un despacho de abogados, ya sea individual o colectivo. 

 

En relación al objeto de esta relación laboral especial es la prestación de la actividad profesional de un abogado en un despacho de abogados. En concepto de trabajador encontramos al sujeto que esté habilitado para ejercer la profesión de abogado y en concepto de empleador a quienes sean titulares de despachos de abogados, individuales o colectivos.

 

Los derechos de los abogados vienen recogidos en el artículo 4 del Estatuto de los Trabajadores (libre sindicación, negociación colectiva, información, consulta y participación en la empresa, ocupación efectiva, a no ser discriminados directa o indirectamente, etc.) a los que se suman otros como recibir la formación necesaria para mantener un nivel adecuado de capacitación técnica y profesional o participar en las actividades docentes e investigadoras que desarrolle el despacho. Por otra parte, estos abogados también tienen una serie de deberes, de los cuales destacamos el de contribuir a la mejora del funcionamiento del despacho, completar y perfeccionar su formación y capacitación profesional siguiendo las directrices del titular del despacho o cumplir con las ordenes que éste le de, salvo que contravengan los principios y valores de la abogacía.

 

¿Cómo debe formalizarse el contrato de trabajo de un abogado? Debe formalizarse siempre por escrito y bajo cualquiera de las formas previstas en la Ley, pudiendo firmarse un contrato por tiempo indefinido o por duración determinada. Estos contratos pueden someterse a un periodo de pruebas, el cual en todo caso debe constar por escrito, y cuya duración máxima no podrá exceder de seis meses en el caso de contratos de carácter indefinido y de dos en caso de contratos de duración determinada.

 

Tal y como acabamos de explicar, al poder adoptar cualquiera de las formas previstas en la Ley, es posible que este contrato sea firmado bajo la modalidad de contrato en prácticas, siempre que se cumplan unos requisitos. En este supuesto, encontramos que al trabajador se le debe asignar como tutor de las prácticas a un abogado con más de cinco años de antigüedad, que la actividad laboral que el trabajador desarrolle en el despacho deberá permitir adquirir el aprendizaje práctico de la profesión de abogado y además su jornada debe poder adaptarse a las actividades formativas externas.

 

En relación a la duración de la jornada de trabajo, debemos estar a lo establecido en el Estatuto de los Trabajadores, que estipula que no se pueden superar en ningún caso las cuarenta horas semanales de trabajo efectivo de promedio en cómputo anual. Además, esta jornada puede distribuirse de forma irregular a lo lago del año  si así lo pactan las partes.

 

Por su parte, en este contrato pueden pactarse cláusulas de exclusividad, lo que significa que el abogado debe dedicarse en exclusiva a ese despacho de trabajo. La exclusividad no es incompatible con la prestación de asistencia letrada y defensa jurídica derivada del turno de oficio, ni con actividades docentes, representativas o de similar naturaleza. Esta cláusula de exclusividad puede ser compensada económicamente si así se regula en el convenio colectivo o en el contrato de trabajo.

 

También se pueden incluir un pacto de permanencia cuando los abogados hubieran recibido una formación o especialización profesional durante un cierto tiempo y un determinado coste, el cual nunca podrá ser superior a los dos años y siempre se debe pactar por escrito. En caso de incumplimiento del abogado de este pacto, el despacho tiene derecho a una indemnización por daños y perjuicios.

 

Con el mismo límite temporal encontramos el pacto de no competencia postcontractual, que además del límite de dos años nunca puede suponer una limitación general del ejercicio de la profesión de abogado ni limitar en determinados campos o especialidades del derecho a las que se dedique el despacho.

 

Sólo nos queda analizar la extinción del contrato de trabajo. Al igual que con cualquier otro contrato, este puede ser extinguido por la voluntad del abogado como por parte del titular del despacho. Existe un requisito relativo al supuesto en el que la extinción se produzca por la decisión del abogado, y es el preaviso. El abogado esta obligado a preavisar con un mínimo de cuarenta y cinco días de antelación, aunque este plazo puede ser modificado por el propio contrato o por convenio colectivo.

 

Cuando es el titular el que extingue el contrato, debemos estar a la especialidad que radica en este tipo de relaciones, que es la confianza entre las partes, por lo que además de por los motivos establecidos en el Estatuto de los Trabajadores, esta extinción se puede basar en la manifiesta y grave quiebra de la confianza entre las partes o cuando el titular del despacho considera que el abogado no mantiene un nivel profesional adecuado y en consecuencia no puede ejercer la profesión con plenas garantías para los intereses de los clientes.

 

 ¡Sigan estudiando juristas, que ya falta poco!

Escribir comentario

Comentarios: 0